domingo, 10 de marzo de 2019

HARAMBEE, HARAMBEE

WANGARl MAATHAl
MERCÉ RIVAS TORRES
Autora del texto
“Harambee es mi grito preferido. Significa ‘todos a una’"
KENIA, 1940
Fue Premio Nobel de la Paz 2004. Vitalista y segura de sí misma, es madre de tres hijos y no sólo es la primera mujer africana en ganar el Nobel de la Paz (la surafricana Nadine Gordimer ganó el de Literatura en 1991) sino que también fue la primera mujer en África Central y Oriental en conseguir un doctorado así como un decanato de la Universidad de Nairobi. Creó el Movimiento Cinturón Verde (The Green Belt Movement). En su país la llaman “la mujer árbol”, Tree Woman.

“La paz en la Tierra depende de nuestra capacidad para garantizar la supervivencia de nuestro medio ambiente. Maathai encabeza la lucha por promover en Kenia y en África un desarrollo social, económico y cultural ecológicamente viable”, afirmaba el jurado que le concedió el Nobel. Y añadía: “Su enfoque sobre el desarrollo sostenible abarca la democracia, los derechos humanos y los derechos de la mujer en particular. Piensa globalmente y actúa a escala local”.

Wangari Maathai recibió la noticia cuando se encontraba trabajando frente al monte Kenia, su preferido, y lloró recordando a esas miles de mujeres que se habían puesto en marcha en su país para conseguir una vida más digna.

Tras estudiar en un colegio de monjas misioneras de su pueblo, años más tarde, gracias a una beca concedida por el obispo católico de Nyeri, se trasladó a Estados Unidos, consiguió la licenciatura en Biología en la Universidad de Kansas, realizó un Master en Pittsburg y continuó sus estudios en Alemania. Se trataba de una auténtica privilegiada, teniendo en cuenta que había nacido en los años cuarenta, en una aldea de la etnia kikuyo que no disponía de luz eléctrica ni agua corriente. Su infancia fue dura y ella misma la recuerda así al hablar de la violencia de su padre polígamo contra sus mujeres.

A su vuelta a Kenia decidió centrar su trabajo en el medio ambiente y así fue implicándose en la lucha contra la pobreza y el hambre y por la mejora de la situación de las mujeres.

“Comencé trabajando como científica aplicada a la investigación de los problemas alimentarios, emprendí estudios sobre el ciclo de la vida del parásito que se transmitía a través de las garrapatas y mientras recogía muestras me fijé en que los ríos iban llenos de limo. Aquello no sucedía cuando era pequeña. Por lo tanto había poca hierba y no contenía los nutrientes necesarios. El suelo no cumplía sus funciones. Aquellas mujeres no disponían de leña para hacer fuego ni para levantar cercas, no tenían pienso para el ganado, agua para beber o cocinar, ni suficiente comida para ellas y sus familias. Entonces se me hizo evidente que la mayor amenaza era la degradación del medio ambiente. De repente todo cobró sentido”, reflexionaba Wangari al poco tiempo de llegar a su tierra.

“Si vas al campo en África verás que son las mujeres quienes cultivan la tierra, van a buscar agua, cuidan a los hijos, a los mayores. Por eso era para mí natural trabajar con ellas”, opina Wangari. “Mi idea inicial era plantar árboles que proporcionaran a las mujeres leña, frutos y materiales de construcción para sus casas. Pero lo que ocurrió”, sigue explicando, “es que las necesidades descritas por las mujeres eran en realidad síntomas de otros problemas como la deforestación o la propia situación de las mujeres y de esta forma fuimos profundizando en temas como la degradación del medio ambiente, la malnutrición, las enfermedades. Me di cuenta de que, aunque parecen problemas distintos, están conectados”.

Y esos descubrimientos y su gran fuerza interior la llevaron a crear en 1977 el Movimiento Cinturón Verde (The Green Belt Movemet). Las mujeres involucradas en este movimiento han plantado ya en Kenia más de 30 millones de árboles. Otros muchos países han querido imitar su iniciativa con más o menos suerte.

Casada en los años setenta, su matrimonio duró diez años, ya que su marido le puso una demanda de divorcio por “ser demasiado educada, tener demasiado carácter, ser demasiado exitosa y demasiado obstinada para ser controlada”. El juez coincidió plenamente con el marido. Por lo tanto, ella pasó a ser la única responsable de la educación de sus tres hijos.

A esta luchadora incansable le gusta recordar al portavoz del jurado del Premio Nobel cuando afirmaba solemnemente en 2006 que todos somos testigos de “cómo la deforestación y el retroceso del bosque han ocasionado la desertización en África y amenazan a otras regiones del planeta, incluida Europa”. Y añadía: “A través de la educación, la planificación familiar, la nutrición y la lucha contra la corrupción, el Movimiento Cinturón Verde ha preparado el terreno para el desarrollo trabajando a escala local. Creemos que Maathai es una voz poderosa que habla en nombre de los más valiosos recursos humanos de África para promover la paz y unas buenas condiciones de vida”. Quizás eso la llevó al primer Gobierno democrático de Kenia como asistente del Ministro de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Vida Salvaje. Fue elegida para el Parlamento con el 98% de los votos en las primeras elecciones libres de su país y comenzó su trabajo con gran ilusión. Su objetivo fue influir desde dentro del Gobierno en los ideales que ella tenía y poder redactar leyes que pudiesen dejar un país mejor a sus hijos. Pero la experiencia política la dejó un tanto frustrada y decidió volver de nuevo a su trabajo en el Movimiento Cinturón Verde.

Wangari ha tenido que enfrentarse en más de una ocasión con lo que ella denomina “las junglas de hormigón” o políticos que preferían construir grandes hoteles de forma ilegal en lugar de pensar en la alimentación de los ciudadanos de la zona. A éstos se les suele denominar en Kenia “ladrones de terrenos”.

El movimiento de Wangari ha demostrado además que para plantar árboles no se requiere ni mucho dinero, ni tecnología, basta con movilizar a los ciudadanos, en este caso a las mujeres. “Yo les preguntaba”, relata Wangari, “¿qué problemas tienen? Y la respuesta era: ‘Somos pobres, padecemos muchas enfermedades y desnutrición, tenemos hambre, nos pagan muy poco por nuestros productos, no tenemos agua’. Y entonces insistía: ‘¿De dónde creen que vienen semejantes problemas?’. Casi sin dudarlo culpaban al Gobierno pero yo les decía que el Gobierno no era el único culpable, que ellos debían reclamar un mejor Gobierno, por supuesto, pero, les decía, ‘además, tenéis la tierra pero no la protegéis. Permitís que la erosión del suelo os gane terreno. Tenéis hambre pero no cultiváis alimentos. Habéis elegido cultivos exóticos que no crecen muy bien en vuestra tierra y que no son muy nutritivos. Así que tenéis que hacer algo’”. Y al grito de Harambee, que significa “¡todos a una!”, comenzó la acción que para ella nunca cesa.

LA mujer árbol

Wangari Muta Maathai: “Woman Tree – La Mujer Árbol”

wm1Nacer mujer en la Kenia colonial de los años cuarenta del siglo pasado no parecía ser la mejor carta de presentación para Wangari Muta Maathai. Las hijas de campesinos de etnia kikuyu como Wangari estaban abocadas a trabajar en los campos, recoger leña y acarrear agua. Pero Wangari tuvo suerte; pudo estudiar. Y eso no sólo cambió su vida, sino la de miles de mujeres africanas.
Bióloga, ecologista y activista política incombustible, su visión consistió en unir la ecología y el desarrollo sostenible con la democracia, los derechos humanos y el empoderamiento de las mujeres.
Wangari Muta Maathai nació el 1 de abril de 1940 en la región rural de Nyeri (Kenia). A los ocho años comenzó a estudiar en la escuela de su pueblo natal, donde destacó por sus buenas aptitudes y calificaciones. Después de cursar sus estudios en la escuela primaria católica de Santa Cecilia primero y en la Loreto High School de Limuru después, la joven Wangari logró algo que sólo pudieron conseguir otros trescientos kenianos y kenianas; una beca para poder estudiar en Estados Unidos (1960).
En 1964 obtuvo su Grado en Biología en el Mount St. Scholastic College de Atchinson, Kansas, para posteriormente ir a Pittsburg, donde consiguió su Máster en Ciencias Biológicas (1966). Acabado el máster volvió a Kenia, donde obtuvo un puesto de ayudante de investigación de microanatomía en el Departamento de Anatomía Veterinaria de la Universidad de Nairobi, bajo la supervisión del Profesor Reinold Hofman. Fue este profesor de la Universidad de Giessen el que animó a Wangari a irse a Alemania para continuar con sus estudios. Después de pasar cierto tiempo estudiando en las Universidades de Giessen y Munich, Wangari volvió a Nairobi, donde finalmente obtuvo su Doctorado en Anatomía Veterinaria (1970). Su primer hito: Wangari Muta Maathai se convirtió en la primera mujer de África Central y Oriental en obtener un doctorado. Pero no el único; también fue la primera mujer Jefa de Departamento (de Anatomía Veterinaria, 1975) y Profesora Asociada en la Universidad de Nairobi (1977).
Fue durante aquellos años de estudio, docencia e investigación cuando Wangari empezó a destacar en el activismo en pro de los derechos de las mujeres: primero en la Universidad, donde luchó por conseguir igualdad de oportunidades y salarios, y posteriormente, convirtiéndose en miembro (1976-1987) y directora de (1981-1987) del Consejo Nacional de Mujeres de Kenia (NCWK), asociación que abogaba por el empoderamiento de las mujeres kenianas.
Al mismo tiempo fue germinando su activismo ecologista. Según sus propias palabras “durante mi trabajo como científica aplicada a la investigación de los problemas alimentarios, emprendí estudios sobre el ciclo de la vida del parásito que se transmitía a través de las garrapatas y mientas recogía muestras me fijé en que los ríos iban llenos de limo. Aquello no sucedía cuando era pequeña. Había poca hierba y no contenía nutrientes necesarios. El suelo no cumplía sus funciones”.
Las consecuencias de esa reflexión las observó claramente en las demandas de las mujeres campesinas con las que tenía contacto a través del NCWK. Estas mujeres comentaban que sus arroyos se secaban, que sus recursos alimentarios eran escasos y poco seguros y que cada día tenían que ir más lejos a por agua o a por leña. Su conclusión fue clara: muchos de los problemas de Kenia, y por tanto de sus mujeres, radicaban en la degradación medioambiental. Sus dos luchas se unieron.
Basándose en la idea de que el ecologismo podría ser un modo de lograr un desarrollo sostenible y mejorar los problemas de Kenia, Wangari Muta Maathai fundó el Movimiento Cinturón Verde (Green Belt Movement) en 1977. Alentó a las mujeres a ir al bosque y recolectar semillas de árboles oriundos de la zona para después crear invernaderos, trabajo por el cual esas mujeres recibían un estipendio. Posteriormente, esas semillas se utilizaban para plantar árboles. Era una idea simple, impulsar el trabajo conjunto de las mujeres en la plantación de árboles para mejorar su propia situación y luchar contra la deforestación, la erosión y la sequía. Debido a que las mujeres eran las que recibían formación en ecología, tenían papeles de liderazgo, dirigían los viveros y trabajaban con silvicultores planeando e implementando proyectos para la recolección de agua y seguridad alimentaria, el movimiento fue clave para avanzar en la emancipación y empoderamiento de las mujeres campesinas.
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El Movimiento Cinturón Verde se fue expandiendo poco a poco gracias a entidades como la Sociedad Noruega de Silvicultura, el Fondo Voluntario para Mujeres de Naciones Unidas o el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. También fue tomando conciencia política al darse cuenta de que los problemas cotidianos de Kenia (hambruna, deforestación…) tenían también relación con los problemas políticos. Y es que en la época de los ochenta Kenia tenía elecciones monopartidistas y un gobierno dirigido por un presidente, Daniel Arap Moi, con tintes autoritarios y represivos. Fueros años convulsos donde Wangari Muta Maathai luchó vehementemente en pro de la democracia y los derechos humanos y en contra de la especulación de la tierra y la destrucción de los bosques. Se opuso a la construcción de una torre en el parque Uhuru de Nairobi, promovió la liberación de presos políticos, luchó en contra de la corrupción y reivindicó elecciones justas. Estas reivindicaciones aumentaron su proyección internacional, aunque también le acarrearon varias detenciones y persecución por parte del gobierno.
Finalmente las elecciones multipartidistas se instauraron en Kenia en 1992, y después de años intentándolo, Wangari consiguió ser representante en el Parlamento en 2002. También fue ayudante del Ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales entre los años 2003-2007 bajo el gobierno del Presidente Mwai Kibaki.
En 2004 llegó su mayor proyección internacional; el Premio Nobel de la Paz por “su contribución al desarrollo sostenible, a la democracia y a la paz”. Fue la primera mujer africana y la primera ambientalista que consiguió dicho galardón. Según el Comité Nobel, “la paz en la tierra depende de nuestra capacidad de asegurar el medio ambiente, y Wangari Muta Maathai es una exponente en la lucha por lograr dicho objetivo”.
El premio visibilizó aún más a la propia Wangari y al Movimiento Cinturón Verde, que siguió expandiéndose y plantando árboles por todo en continente africano.
Fundó, junto con otras Premios Nobel como Rigoberta Menchu o Shirin Ebadi la Iniciativa de las Mujeres Nobel con el objetivo de fortalecer el trabajo realizado en apoyo de los derechos de las mujeres, fue Mensajera de la Paz de la ONU, ponente del grupo de trabajo de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, etc. Y siguió trabajando de forma incombustible hasta su muerte el 25 de septiembre de 2011 debido a complicaciones derivadas de un cáncer de ovario.
Su legado permanece con más de 40 millones de árboles plantados en toda África y más de 3000 viveros atendidos por unas 35 000 mujeres. El movimiento Cinturón Verde sigue trabajando por todo el continente africano y sus ideas se expanden por todo en planeta. El Premio Wangari Maathai Paladines del Bosque, concedido por la Asociación de Colaboración en Materia de Bosques, galardona a personas en reconocimiento a su labor en defensa de los bosques de todo el mundo. Y lo que probablemente sea más importante, Wagari Muta Maathai es una inspiración para miles de mujeres, especialmente africanas, las cuales han aprendido que estudiando y luchando pueden cambiar sus vidas y su entorno. Y es que ser “demasiado fuerte para ser mujer”, “demasiado educada”, “loca” y “difícil”, como la calificaron su ex marido o el Presidente Moi, no debe de ser tan malo.
Con este método práctico de plantar árboles, las mujeres se han dado cuenta de que tienen elección real de poder preservar el medio ambiente o destruirlo. Estas experiencias contribuyen al desarrollo de su autoestima y les da un poder mayor sobre sus vidas.
Wangari Muta Maathai

Referencias

Sobre la autora

Aitziber Lopez (@lopez_aitzi) es doctora en química por la UPV/EHU.

Movimiento del Cinturón VERDE



https://greenbeltmovement.org/who-we-are


Wangari Maathai

Wangari Maathai

(Wangari Muta Maathai; Nyeri, Kenia, 1940 - Nairobi, 2011) Bióloga y ecologista keniana que recibió en 2004 el premio Nobel de la Paz. Siendo muy joven se trasladó a Estados Unidos, donde en 1964 se licenció en Biología por el Mount St. Scholastica College de Atchison (Kansas). Dos años más tarde obtuvo el título de Master en Ciencias por la Universidad de Pittsburgh, y posteriormente amplió sus estudios en Alemania y en la Universidad de Nairobi, donde en 1971 se convirtió en la primera mujer doctorada de África central y oriental.

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Wangari Maathai

Su condición de precursora en una sociedad que relegaba a la mujer a los pasillos académicos se confirmó en 1976, al ser designada jefe del departamento de Anatomía Veterinaria de esa institución. Desde mediados de la década de 1970 compaginó su actividad profesional científica con su preocupación por las extremas condiciones de pobreza en las que vivían miles de mujeres kenianas. Además, su reflexión sobre la particular realidad de sus congéneres la empujó a militar en el Consejo Nacional de Mujeres de Kenia, institución que presidió entre 1981 y 1987.

Bajo la idea de que "no podemos quedarnos sentadas a ver cómo se mueren nuestros hijos de hambre", promovió la creación del movimiento Cinturón Verde, un programa que inició sus actividades en 1976 y cuyo objetivo se ha centrado en la plantación de árboles como recurso para la mejora de las condiciones de vida de la población. El programa ha estado destinado y protagonizado fundamentalmente por mujeres; en 1986 su ámbito se había ampliado a otros países de África y en la actualidad se considera uno de los proyectos más exitosos en lo referente a desarrollo comunitario y protección medioambiental. Desde su puesta en funcionamiento, las mujeres pobres de África han plantado más de 30 millones de árboles en el suelo de ese continente. 
El activismo político de Wangari Maathai (concretado en su férrea oposición al régimen dictatorial que Daniel Arap Moi impuso en Kenia) la lanzó al mundo de la alta política. En 1997 fue designada candidata a la presidencia de su país, pero días antes de los comicios su partido retiró la candidatura. En 2002 fue elegida parlamentaria por una amplia mayoría de votos, tras lo cual el presidente Mwai Kibaki la nombró viceministra de Medio Ambiente.

En octubre de 2004, Wangari Maathai se convirtió en la primera mujer africana galardonada con el premio Nobel de la Paz. La decisión de la Academia sueca significó el reconocimiento a la larga carrera que esta mujer ha mantenido durante décadas en defensa del desarrollo sostenible, la democracia, el respeto a los derechos humanos y la paz, tanto en su país como en todo el continente africano. Wangari declaró que destinaría la mayor parte de los 1,1 millones de euros del galardón al trabajo en favor del medio ambiente.
 Enlace para conocer el pensamiento de Wangari y sus acciones:
 https://www.youtube.com/watch?v=6vgJKOvEKE4