Aquí podéis visualizar las actividades que hemos desarrollado este curso en el Grupo de Trabajo en el CPR Cuencas," El desarrollo de las competencias básicas en la huerta ecológica" DESCARGAR
Esperamos que sean de utilidad.
Integrantes del grupo de trabajo: Las competencias básicas en la huerta ecológica, en el IES CUENCA NALÓN
- "Gracias a todas, ha sido un placer compartir las tardes de los martes." Encarna
Hemos aprendido las profesoras con nuestra profe Pilar Borrego a hacer gemrinados de alfalfa, lentejas, garbanzos, pipas de girasol, pipas de calabaza.
Hemos estados cuidando las semillas remojandolas tres veces por día, nos las hemos llevado a casa ya que el fin de semana en el isntituto no las íbamos a dejar que se estropearan y tras seis días ayer y hoy, día del trabajo, he celebrado este día de fiesta comiendo estos riquísimos germinados en honor a las agricultoras del mundo.
Aquí podéis ver la evolución. Os animo a cultivarlos, ahora que llega la primavera y el verano es algo fresco y muy apetecible.
“Harambee es mi grito preferido. Significa ‘todos a
una’"
KENIA, 1940
Fue Premio Nobel de la Paz 2004. Vitalista y segura de
sí misma, es madre de tres hijos y no sólo es la primera mujer africana en
ganar el Nobel de la Paz (la surafricana Nadine Gordimer ganó el de
Literatura en 1991) sino que también fue la primera mujer en África
Central y Oriental en conseguir un doctorado así como un decanato de la
Universidad de Nairobi. Creó el Movimiento Cinturón Verde (The Green Belt
Movement). En su país la llaman “la mujer árbol”, Tree Woman.
“La paz en la Tierra depende de nuestra capacidad para garantizar la
supervivencia de nuestro medio ambiente. Maathai encabeza la lucha por
promover en Kenia y en África un desarrollo social, económico y cultural
ecológicamente viable”, afirmaba el jurado que le concedió el Nobel. Y
añadía: “Su enfoque sobre el desarrollo sostenible abarca la democracia,
los derechos humanos y los derechos de la mujer en particular. Piensa
globalmente y actúa a escala local”.
Wangari Maathai recibió la noticia cuando se encontraba trabajando frente
al monte Kenia, su preferido, y lloró recordando a esas miles de mujeres
que se habían puesto en marcha en su país para conseguir una vida más
digna.
Tras estudiar en un colegio de monjas misioneras de su pueblo, años más
tarde, gracias a una beca concedida por el obispo católico de Nyeri, se
trasladó a Estados Unidos, consiguió la licenciatura en Biología en la
Universidad de Kansas, realizó un Master en Pittsburg y continuó sus
estudios en Alemania. Se trataba de una auténtica privilegiada, teniendo
en cuenta que había nacido en los años cuarenta, en una aldea de la etnia
kikuyo que no disponía de luz eléctrica ni agua corriente. Su infancia fue
dura y ella misma la recuerda así al hablar de la violencia de su padre
polígamo contra sus mujeres.
A su vuelta a Kenia decidió centrar su trabajo en el medio ambiente y así
fue implicándose en la lucha contra la pobreza y el hambre y por la mejora
de la situación de las mujeres.
“Comencé trabajando como científica aplicada a la investigación de los
problemas alimentarios, emprendí estudios sobre el ciclo de la vida del
parásito que se transmitía a través de las garrapatas y mientras recogía
muestras me fijé en que los ríos iban llenos de limo. Aquello no sucedía
cuando era pequeña. Por lo tanto había poca hierba y no contenía los
nutrientes necesarios. El suelo no cumplía sus funciones. Aquellas mujeres
no disponían de leña para hacer fuego ni para levantar cercas, no tenían
pienso para el ganado, agua para beber o cocinar, ni suficiente comida
para ellas y sus familias. Entonces se me hizo evidente que la mayor
amenaza era la degradación del medio ambiente. De repente todo cobró
sentido”, reflexionaba Wangari al poco tiempo de llegar a su tierra.
“Si vas al campo en África verás que son las mujeres quienes cultivan la
tierra, van a buscar agua, cuidan a los hijos, a los mayores. Por eso era
para mí natural trabajar con ellas”, opina Wangari. “Mi idea inicial era
plantar árboles que proporcionaran a las mujeres leña, frutos y materiales
de construcción para sus casas. Pero lo que ocurrió”, sigue explicando,
“es que las necesidades descritas por las mujeres eran en realidad
síntomas de otros problemas como la deforestación o la propia situación de
las mujeres y de esta forma fuimos profundizando en temas como la
degradación del medio ambiente, la malnutrición, las enfermedades. Me di
cuenta de que, aunque parecen problemas distintos, están conectados”.
Y esos descubrimientos y su gran fuerza interior la llevaron a crear en
1977 el Movimiento Cinturón Verde (The Green Belt Movemet). Las mujeres
involucradas en este movimiento han plantado ya en Kenia más de 30
millones de árboles. Otros muchos países han querido imitar su iniciativa
con más o menos suerte.
Casada en los años setenta, su matrimonio duró diez años, ya que su marido
le puso una demanda de divorcio por “ser demasiado educada, tener
demasiado carácter, ser demasiado exitosa y demasiado obstinada para ser
controlada”. El juez coincidió plenamente con el marido. Por lo tanto,
ella pasó a ser la única responsable de la educación de sus tres hijos.
A esta luchadora incansable le gusta recordar al portavoz del jurado del
Premio Nobel cuando afirmaba solemnemente en 2006 que todos somos testigos
de “cómo la deforestación y el retroceso del bosque han ocasionado la
desertización en África y amenazan a otras regiones del planeta, incluida
Europa”. Y añadía: “A través de la educación, la planificación familiar,
la nutrición y la lucha contra la corrupción, el Movimiento Cinturón Verde
ha preparado el terreno para el desarrollo trabajando a escala local.
Creemos que Maathai es una voz poderosa que habla en nombre de los más
valiosos recursos humanos de África para promover la paz y unas buenas
condiciones de vida”. Quizás eso la llevó al primer Gobierno democrático
de Kenia como asistente del Ministro de Medio Ambiente, Recursos Naturales
y Vida Salvaje. Fue elegida para el Parlamento con el 98% de los votos en
las primeras elecciones libres de su país y comenzó su trabajo con gran
ilusión. Su objetivo fue influir desde dentro del Gobierno en los ideales
que ella tenía y poder redactar leyes que pudiesen dejar un país mejor a
sus hijos. Pero la experiencia política la dejó un tanto frustrada y
decidió volver de nuevo a su trabajo en el Movimiento Cinturón Verde.
Wangari ha tenido que enfrentarse en más de una ocasión con lo que ella
denomina “las junglas de hormigón” o políticos que preferían construir
grandes hoteles de forma ilegal en lugar de pensar en la alimentación de
los ciudadanos de la zona. A éstos se les suele denominar en Kenia
“ladrones de terrenos”.
El movimiento de Wangari ha demostrado además que para plantar árboles no
se requiere ni mucho dinero, ni tecnología, basta con movilizar a los
ciudadanos, en este caso a las mujeres. “Yo les preguntaba”, relata
Wangari, “¿qué problemas tienen? Y la respuesta era: ‘Somos pobres,
padecemos muchas enfermedades y desnutrición, tenemos hambre, nos pagan
muy poco por nuestros productos, no tenemos agua’. Y entonces insistía:
‘¿De dónde creen que vienen semejantes problemas?’. Casi sin dudarlo
culpaban al Gobierno pero yo les decía que el Gobierno no era el único
culpable, que ellos debían reclamar un mejor Gobierno, por supuesto, pero,
les decía, ‘además, tenéis la tierra pero no la protegéis. Permitís que la
erosión del suelo os gane terreno. Tenéis hambre pero no cultiváis
alimentos. Habéis elegido cultivos exóticos que no crecen muy bien en
vuestra tierra y que no son muy nutritivos. Así que tenéis que hacer
algo’”. Y al grito de Harambee, que significa “¡todos a una!”, comenzó la
acción que para ella nunca cesa.
Wangari Muta Maathai: “Woman Tree – La Mujer Árbol”
Nacer
mujer en la Kenia colonial de los años cuarenta del siglo pasado no
parecía ser la mejor carta de presentación para Wangari Muta Maathai.
Las hijas de campesinos de etnia kikuyu como Wangari estaban abocadas a
trabajar en los campos, recoger leña y acarrear agua. Pero Wangari tuvo
suerte; pudo estudiar. Y eso no sólo cambió su vida, sino la de miles de
mujeres africanas. Bióloga, ecologista y activista política incombustible, su
visión consistió en unir la ecología y el desarrollo sostenible con la
democracia, los derechos humanos y el empoderamiento de las mujeres.
Wangari Muta Maathai nació el 1 de abril de 1940 en la región rural
de Nyeri (Kenia). A los ocho años comenzó a estudiar en la escuela de su
pueblo natal, donde destacó por sus buenas aptitudes y calificaciones.
Después de cursar sus estudios en la escuela primaria católica de Santa
Cecilia primero y en la Loreto High School de Limuru después, la joven
Wangari logró algo que sólo pudieron conseguir otros trescientos
kenianos y kenianas; una beca para poder estudiar en Estados Unidos
(1960).
En 1964 obtuvo su Grado en Biología en el Mount St. Scholastic
College de Atchinson, Kansas, para posteriormente ir a Pittsburg, donde
consiguió su Máster en Ciencias Biológicas (1966). Acabado el máster
volvió a Kenia, donde obtuvo un puesto de ayudante de investigación de
microanatomía en el Departamento de Anatomía Veterinaria de la Universidad de Nairobi,
bajo la supervisión del Profesor Reinold Hofman. Fue este profesor de
la Universidad de Giessen el que animó a Wangari a irse a Alemania para
continuar con sus estudios. Después de pasar cierto tiempo estudiando en
las Universidades de Giessen y Munich, Wangari volvió a Nairobi, donde
finalmente obtuvo su Doctorado en Anatomía Veterinaria (1970). Su primer
hito: Wangari Muta Maathai se convirtió en la primera mujer de África Central y Oriental en obtener un doctorado. Pero no el único; también fue la primera mujer Jefa de Departamento (de Anatomía Veterinaria, 1975) y Profesora Asociadaen la Universidad de Nairobi (1977).
Fue durante aquellos años de estudio, docencia e investigación cuando
Wangari empezó a destacar en el activismo en pro de los derechos de las
mujeres: primero en la Universidad, donde luchó por conseguir igualdad
de oportunidades y salarios, y posteriormente, convirtiéndose en miembro
(1976-1987) y directora de (1981-1987) del Consejo Nacional de Mujeres
de Kenia (NCWK), asociación que abogaba por el empoderamiento de las
mujeres kenianas.
Al mismo tiempo fue germinando su activismo ecologista. Según sus propias palabras “durante
mi trabajo como científica aplicada a la investigación de los problemas
alimentarios, emprendí estudios sobre el ciclo de la vida del parásito
que se transmitía a través de las garrapatas y mientas recogía muestras
me fijé en que los ríos iban llenos de limo. Aquello no sucedía cuando
era pequeña. Había poca hierba y no contenía nutrientes necesarios. El
suelo no cumplía sus funciones”.
Las consecuencias de esa reflexión las observó claramente en las
demandas de las mujeres campesinas con las que tenía contacto a través
del NCWK. Estas mujeres comentaban que sus arroyos se secaban, que sus
recursos alimentarios eran escasos y poco seguros y que cada día tenían
que ir más lejos a por agua o a por leña. Su conclusión fue clara:
muchos de los problemas de Kenia, y por tanto de sus mujeres, radicaban
en la degradación medioambiental. Sus dos luchas se unieron.
Basándose en la idea de que el ecologismo podría ser un modo de
lograr un desarrollo sostenible y mejorar los problemas de Kenia,
Wangari Muta Maathai fundó el Movimiento Cinturón Verde (Green Belt Movement)
en 1977. Alentó a las mujeres a ir al bosque y recolectar semillas de
árboles oriundos de la zona para después crear invernaderos, trabajo por
el cual esas mujeres recibían un estipendio. Posteriormente, esas
semillas se utilizaban para plantar árboles. Era una idea simple,
impulsar el trabajo conjunto de las mujeres en la plantación de árboles
para mejorar su propia situación y luchar contra la deforestación, la
erosión y la sequía. Debido a que las mujeres eran las que recibían
formación en ecología, tenían papeles de liderazgo, dirigían los viveros
y trabajaban con silvicultores planeando e implementando proyectos para
la recolección de agua y seguridad alimentaria, el movimiento fue clave
para avanzar en la emancipación y empoderamiento de las mujeres
campesinas.
El Movimiento Cinturón Verde se fue expandiendo poco a poco gracias a entidades como la Sociedad Noruega de Silvicultura, el Fondo Voluntario para Mujeres de Naciones Unidas o el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
También fue tomando conciencia política al darse cuenta de que los
problemas cotidianos de Kenia (hambruna, deforestación…) tenían también
relación con los problemas políticos. Y es que en la época de los
ochenta Kenia tenía elecciones monopartidistas y un gobierno dirigido
por un presidente, Daniel Arap Moi, con tintes autoritarios y
represivos. Fueros años convulsos donde Wangari Muta Maathai luchó
vehementemente en pro de la democracia y los derechos humanos y en
contra de la especulación de la tierra y la destrucción de los bosques.
Se opuso a la construcción de una torre en el parque Uhuru de Nairobi,
promovió la liberación de presos políticos, luchó en contra de la
corrupción y reivindicó elecciones justas. Estas reivindicaciones
aumentaron su proyección internacional, aunque también le acarrearon
varias detenciones y persecución por parte del gobierno.
Finalmente las elecciones multipartidistas se instauraron en Kenia en
1992, y después de años intentándolo, Wangari consiguió ser
representante en el Parlamento en 2002. También fue ayudante del
Ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales entre los años 2003-2007
bajo el gobierno del Presidente Mwai Kibaki.
En 2004 llegó su mayor proyección internacional; el Premio Nobel de la Paz por “su contribución al desarrollo sostenible, a la democracia y a la paz”. Fue la primera mujer africana y la primera ambientalista que consiguió dicho galardón. Según el Comité Nobel, “la
paz en la tierra depende de nuestra capacidad de asegurar el medio
ambiente, y Wangari Muta Maathai es una exponente en la lucha por lograr
dicho objetivo”.
El premio visibilizó aún más a la propia Wangari y al Movimiento
Cinturón Verde, que siguió expandiéndose y plantando árboles por todo en
continente africano.
Fundó, junto con otras Premios Nobel como Rigoberta Menchu o Shirin Ebadi la Iniciativa de las Mujeres Nobel con el objetivo de fortalecer el trabajo realizado en apoyo de los derechos de las mujeres, fue Mensajera de la Paz de la ONU, ponente del grupo de trabajo de los Objetivos de Desarrollo del Milenio,
etc. Y siguió trabajando de forma incombustible hasta su muerte el 25
de septiembre de 2011 debido a complicaciones derivadas de un cáncer de
ovario.
Su legado permanece con más de 40 millones de árboles plantados en
toda África y más de 3000 viveros atendidos por unas 35 000 mujeres. El
movimiento Cinturón Verde sigue trabajando por todo el continente
africano y sus ideas se expanden por todo en planeta. El Premio Wangari Maathai Paladines del Bosque, concedido por la Asociación de Colaboración en Materia de Bosques,
galardona a personas en reconocimiento a su labor en defensa de los
bosques de todo el mundo. Y lo que probablemente sea más importante,
Wagari Muta Maathai es una inspiración para miles de mujeres,
especialmente africanas, las cuales han aprendido que estudiando y
luchando pueden cambiar sus vidas y su entorno. Y es que ser “demasiado
fuerte para ser mujer”, “demasiado educada”, “loca” y “difícil”, como la
calificaron su ex marido o el Presidente Moi, no debe de ser tan malo.
Con este método práctico de plantar árboles, las mujeres se han dado
cuenta de que tienen elección real de poder preservar el medio ambiente o
destruirlo. Estas experiencias contribuyen al desarrollo de su
autoestima y les da un poder mayor sobre sus vidas.